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Sinopsis
En la primera página, Britten escribía: “Mi argumento es la guerra y la misericordia de la guerra. La poesía está en la misericordia... todo lo que un poeta puede hacer hoy es avisar”.
El War Requiem, página maestra de la literatura musical universal, fue encargado con motivo de la consagración de la nueva catedral de Coventry en 1962, reconstruida después de su destrucción por los bombardeos de la II Guerra Mundial. El trauma de la guerra y el poder de una partitura que no ha perdido su capacidad de emocionarnos siguen siendo absolutamente conmovedores.
En este caso, se trata de una propuesta con dirección escénica del director Daniel Kramer y con la colaboración en la escenografía y en los vídeos del fotógrafo y artista visual Wolfgang Tillmans. Con su trabajo amplifica el mensaje de poner fin a todas las guerras que defendía Britten: objetor de conciencia y pacifista comprometido que vivía en un exilio americano.
A pesar de las ácidas burlas de Stravinsky, el público ha querido que, 60 años después de su estreno, esta partitura siga siendo una referencia de gran profundidad emocional y moral. Kramer y Tillmans, fieles a este espíritu inquieto, nos abren una fascinante ventana donde las atrocidades del hombre culminan en un mundo ocupado por el reino vegetal. Ante la persistencia de la violencia y la inevitable muerte, el triunfo de las plantas prefigurado en la acción del Concierto para el Bioceno de Eugenio Ampudia en el teatro durante la pandemia.
Un precioso consuelo y el incesante recuerdo del vanitas, pero, al mismo tiempo, el grito desesperado de una protesta contra la inhumanidad del mismo hombre: en su conciencia, ¿el planeta sueña con su propio paraíso más allá del hombre?
El War Requiem, página maestra de la literatura musical universal, fue encargado con motivo de la consagración de la nueva catedral de Coventry en 1962, reconstruida después de su destrucción por los bombardeos de la II Guerra Mundial. El trauma de la guerra y el poder de una partitura que no ha perdido su capacidad de emocionarnos siguen siendo absolutamente conmovedores.
En este caso, se trata de una propuesta con dirección escénica del director Daniel Kramer y con la colaboración en la escenografía y en los vídeos del fotógrafo y artista visual Wolfgang Tillmans. Con su trabajo amplifica el mensaje de poner fin a todas las guerras que defendía Britten: objetor de conciencia y pacifista comprometido que vivía en un exilio americano.
A pesar de las ácidas burlas de Stravinsky, el público ha querido que, 60 años después de su estreno, esta partitura siga siendo una referencia de gran profundidad emocional y moral. Kramer y Tillmans, fieles a este espíritu inquieto, nos abren una fascinante ventana donde las atrocidades del hombre culminan en un mundo ocupado por el reino vegetal. Ante la persistencia de la violencia y la inevitable muerte, el triunfo de las plantas prefigurado en la acción del Concierto para el Bioceno de Eugenio Ampudia en el teatro durante la pandemia.
Un precioso consuelo y el incesante recuerdo del vanitas, pero, al mismo tiempo, el grito desesperado de una protesta contra la inhumanidad del mismo hombre: en su conciencia, ¿el planeta sueña con su propio paraíso más allá del hombre?












