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Sinopsis
El 5 de mayo de 1914, Alban Berg asistió a la primera representación del Woyzeck teatral del dramaturgo Georg Büchner. Impactado por la historia, decide convertirla en ópera, y en 1922 finaliza la partitura integrando en el argumento su propia experiencia como trabajador del Ministerio de Guerra durante la I Guerra Mundial. La brutalidad y la desesperanza de una sociedad ahogada por los horrores bélicos se evocan desde su estreno.
Éxito inmediato y obra maestra de la Escuela de Viena, por su poderosa fusión entre música y drama resulta inspiradora y un grito de protesta del expresionismo de Berg. Una historia con una dimensión trágica que supera la literalidad para convertirse en un tema universal y que habla de elementos tan inherentes a la condición humana como la vida, el amor, el deseo y la muerte.
Wozzeck es un soldado con una existencia cotidiana de miseria y alineación que sucumbirá humillado ante la maldad de las duras leyes de la explotación y el abuso. Víctima de la crueldad de los experimentosdel médico militar y obligado por su capitán a llevar a cabo los trabajos más humildes y serviles, no es más que un individuo reducido al objeto, propiedad de la clase dominante. El hogar con Marie, su amante, y el hijo que tienen en común son su paraíso real, pero cuando la mujer lo traiciona con el Tambor Mayor se activa una autodestructiva espiral de ira y de celos: una guerra contra el mundo, pero también interna y mental.
Una propuesta extraordinaria que reúne a Matthias Goerne como protagonista descomunal; a Josep Pons, inspirado y reconocido director en este repertorio; y una puesta en escena firmada por el artista plástico sudafricano William Kentridge. La producción, proveniente del Festival de Salzburgo, es un ejemplo de obra de arte total elaborada y sublime colmada de los códigos propios de Kentridge: proyecciones, dibujos al carboncillo, crítica desde el absurdo, escenarios centrados en Johannesburgo... todo para subrayar la deshumanización creciente que asola la existencia de Wozzeck. La danza macabra final es un desfile de la humanidad: pero ¿hacia dónde se dirige la procesión?
Éxito inmediato y obra maestra de la Escuela de Viena, por su poderosa fusión entre música y drama resulta inspiradora y un grito de protesta del expresionismo de Berg. Una historia con una dimensión trágica que supera la literalidad para convertirse en un tema universal y que habla de elementos tan inherentes a la condición humana como la vida, el amor, el deseo y la muerte.
Wozzeck es un soldado con una existencia cotidiana de miseria y alineación que sucumbirá humillado ante la maldad de las duras leyes de la explotación y el abuso. Víctima de la crueldad de los experimentosdel médico militar y obligado por su capitán a llevar a cabo los trabajos más humildes y serviles, no es más que un individuo reducido al objeto, propiedad de la clase dominante. El hogar con Marie, su amante, y el hijo que tienen en común son su paraíso real, pero cuando la mujer lo traiciona con el Tambor Mayor se activa una autodestructiva espiral de ira y de celos: una guerra contra el mundo, pero también interna y mental.
Una propuesta extraordinaria que reúne a Matthias Goerne como protagonista descomunal; a Josep Pons, inspirado y reconocido director en este repertorio; y una puesta en escena firmada por el artista plástico sudafricano William Kentridge. La producción, proveniente del Festival de Salzburgo, es un ejemplo de obra de arte total elaborada y sublime colmada de los códigos propios de Kentridge: proyecciones, dibujos al carboncillo, crítica desde el absurdo, escenarios centrados en Johannesburgo... todo para subrayar la deshumanización creciente que asola la existencia de Wozzeck. La danza macabra final es un desfile de la humanidad: pero ¿hacia dónde se dirige la procesión?













